Miles de hinchas en silencio. Millones de gargantas atascadas por un grito que no tarda en convertirse en llanto. La penosa realidad que persigue al balompié nacional, deja expuesto el problema de idiosincrasia que provoca la escasez de triunfos a nivel competitivo y el contraste con deportes más exitosos como el tenis.
Como pocas veces, esa tarde del jueves 19 de julio pasado, la esperanza de todo un pueblo que soñaba con alzar la copa se hacía latente frente al televisor. Era la ocasión perfecta para dejar ese estigma de terceros lugares que inunda a nuestro fútbol y gritar de una vez por todas, ¡campeón! Pero todo empezó a desteñirse al minuto ’11, cuando Di María logra embocarla en el arco de Toselli, y acto seguido, Chile se queda con diez, debido a la expulsión de Medel.
Una vez más el destino nos cerraba la puerta en la cara e impedía que el fútbol chileno se encumbrara en lo más alto. Cabe entonces preguntarse si el motivo de la derrota fue la presión por pasar a la final o si algo en la cabeza de los jugadores gatilló una cierta sobrestimación hacia el rival, que terminó escribiendo una más de las amargas derrotas del fútbol chileno. Lo cierto es que si se piensa en una deficiencia técnica de los futbolistas, ¿por qué esta misma carencia no se presenta en el tenis o en el jockey, deportes en donde Chile ha sacado resultados destacados?
Es sólo una cuestión de actitud
“Es sólo una cuestión de actitud…y reírse del fracaso y del oro…”. Como lo reitera en su canción el músico argentino, Fito Páez, en gran medida la carencia de resultados positivos de los futbolistas profesionales, en Chile, no se debe tanto a factores técnicos, sino que obedece a un problema cultural de la idiosincrasia chilena. Esta actitud se hace presente cuando la selección nacional enfrenta a Brasil o a Argentina, ya que se sobrestima con mucha facilidad al rival.
"El tema pasa netamente por una cuestión de mentalidad. Técnicamente no tenemos nada que envidiarle a Argentina, o a otras potencias futbolísticas, sino que el asunto pasa por una cuestión de personalidad, cosa que yo viví en los dos procesos que me tocó participar en la Selección (Corea-Japón 2002 y Alemania 2006), donde no había un líder de grupo que reforzara esa parte”.
Las palabras del arquero de Éverton y ex seleccionado nacional, Johnny “Superboy” Herrera, son elocuentes. El ex portero azul y sucesor natural del “Superman” Vargas, luego de convertirse en el artillero del penal que le dio a la “U” el último título en 2004, y tras haber vivido dos procesos con “La Roja” en la era Acosta (2005-2007) y Olmos (2003-2005), hace referencia a los meses que estuvo en el plantel del Corinthians brasileño, y afirma las diferencias que existen entre el fútbol carioca y el nacional.
“Allá (Brasil) el fútbol se juega con alegría. Tú ves a la gente, a los niños jugando en la playa, sin zapatos, todos corriendo felices, pero acá no pasa eso. En Chile la gente no tiene esa alegría, y si tú ves alguna pichanga de barrio más de alguna termina en peleas o rencillas. Eso no quiere decir que en Brasil no ocurra, pero allá se siente de otra forma…hay más pasión”.
“Bielsa va a fracasar”
Es evidente que la llegada del DT trasandino a la Selección chilena de fútbol, le dio el cambio de aire necesario para comenzar con ideas renovadas un nuevo proceso. La prensa del deporte catalogó al “Loco” como el arquitecto del nuevo esquema ofensivo que caracterizará a una Roja más disciplinada y con personalidad en la cancha, lo que motivó a los hinchas a darle el nuevo apodo de “Cerebro”. Pero tal como hay adeptos que lo respaldan, también hay otros más suspicaces que dudan de que esas ideas técnicas logren saldos positivos en un país que le teme a los cambios y a mirar hacia adelante.
Uno de ellos es el psicólogo y profesor de la PUCV, Andrés Moltedo, quien asegura que el problema que aqueja al deporte chileno se explica por la mediocridad del deportista nacional, sobretodo en disciplinas grupales. “Existe una diferencia entre el deportista individual y el de selección. El primero se debe a las características técnicas y capacidades que posee, y es lo que nos ha llevado a tener un número uno en tenis o a un jinete que triunfa en Estados Unidos. El segundo, pasa porque el chileno no está preparado para el éxito, y esto lo hace fracasar una vez que alcanza la fama”.
Recordadas son las finales de Copa Libertadores de Cobreloa, U. Católica y Colo-Colo (1973), la final de la Copa Sudamericana obtenida por los “albos” en 2006, o el reciente tercer lugar de la “Rojita” Sub 20, en Canadá; todos estos datos tienen un factor común: el fracaso en instancias finales. En estos casos, el gran enemigo del hombre es el manejo de la ansiedad, más aún si se vincula al ambiente de la farándula.
“El gran problema que afecta a los chilenos es el manejo de la ansiedad. Las personas viven constantemente preocupadas del qué dirán, y siempre se anticipan al fracaso. Por ejemplo, es muy probable de que si tú le dices a una persona que se va a caer, ésta se caiga porque inconcientemente tuvo miedo de fracasar, o sea, de caerse. Ahora, como la mayoría de los futbolistas en Chile son de estrato social bajo, no saben asimilar el éxito, y luego vuelven derrotados, como es el caso de Pinilla, que pasó sin pena ni gloria por Europa”.
Otro caso en que la fama ha llevado por mal camino a los futbolistas, es el de la “patrulla juvenil” del Mundial Sub 17 de Japón, en 1993, donde los entonces adolescentes Manuel Neira, Héctor Tapia, y Sebastián Rozental, entre otros, se paseaban por los estelares de TV haciendo alarde de un talento que, finalmente, se quedó en promesa.
Sin duda que la irrupción de la farándula en el fútbol, ha generado un impacto mediático difícil de frenar. Antiguamente era difícil creer que Carlos Cazsely o Patricio Yánez pudieran ser acosados a diario por los medios de comunicación, restándole crédito a la actividad que realizan. “El futbolista chileno se cree divo y por eso Bielsa va a fracasar en la Selección, porque tanto la capacidad intelectual como la mediocridad de los jugadores lo van a llevar al fracaso”, aseguró el profesor Moltedo.
Una realidad diferente
Lleva tres años en Chile. Hijo de padres chilenos, divide su tiempo entre San Antonio, ciudad donde vive su familia, y Viña del Mar, donde actualmente estudia Periodismo en la PUCV. Daniel Andrade González, más conocido por sus amigos como “Pibe”, recuerda su niñez en su natal Buenos Aires y relata las inolvidables tardes de entretención que pasaba jugando al balón con sus amigos.
“Cuando era chico me la pasaba jugando todo el día en las canchas y parques. Allá nadie te dice nada si jugás en las plazas; podés jugar donde querás y nadie te dice nada”. El futuro periodista, reconoce que es fanático del fútbol y le atribuye gran mérito de lo que es Argentina deportivamente a las políticas de recreación pública que existen en el vecino país.
En Chile, los espacios libres para realizar deporte se van reduciendo cada vez más. Acá, como en pocos países de Latinoamérica, no es común ver familias jugando tardes enteras en parques y plazas como lo era antes. La irrupción de los enormes centros comerciales, la vida sedentaria y el exceso de horas de trabajo, hacen que el poco tiempo libre que les queda a los padres lo dediquen a quedarse en sus casas y no se preocupen de pasear con sus hijos un domingo por la tarde.
¿Qué tanto invierte el Estado en deporte?
No sólo los rasgos culturales inciden en la baja calidad del deporte nacional. Para efectos de promover y determinar las actividades deportivas que se realizan en el país, la Ley del Deporte de 2001 fija parámetros legales que incentivan la creación de clubes y programas deportivos y su forma de financiamiento.
“Esta ley lo que hace es otorgar facilidades, brindar apoyo y financiar iniciativas deportivas, principalmente, a través del aporte privado”, asegura el Director Regional de Chiledeportes, Hugo Rodo. Los recursos que destina el Estado chileno a la actividad, son muy inferiores a los que brindan las empresas. La explicación proviene del propio Rodo: “Somos un país carente de cultura deportiva; al gobierno le interesan más otros temas como la educación o la salud, quizás porque todavía se considera a la actividad física como un medio de relajo”.
Esta situación se contrasta con la realidad de otros países latinoamericanos más desarrollados deportivamente, lo que se debe, en parte, a la manera como está formado el Estado. Argentina, como estado federado, concentra sus recursos dentro de la propia provincia, lo que permite que la inversión se conserve en ella y no se escurra hacia otras regiones como ocurre en Chile.
“El mayor problema es que como departamento regional dependemos de Santiago, y obviamente, la mayoría de los recursos de la región se van para allá. Ahora, lo bueno es que como estamos cerca de la capital y somos una región que también produce mucho, nos podemos, de cierta manera, autofinanciar”.
Pero a pesar de la legislación que promueve el deporte y de los cientos de programas que se imparten a lo largo del país, todavía no se encuentra solución al sedentarismo de la población chilena. Aquí es donde se genera la disyuntiva entre la creación de nuevos espacios, versus el poco interés de la gente por ocupar los recintos y llevar una vida activa.
Si se piensa en el real interés que se tiene en Chile por el fútbol y se observan las cifras de asistentes a los estadios, la situación es particular. Considerando que el balompié es el deporte rey a nivel nacional, cómo se explica entonces que la cifra promedio de público que asistió durante 2006, es de 61.632 espectadores, cantidad con la que ni siquiera se alcanza a llenar el Estadio Nacional. En Europa el panorama es distinto, tanto así que en el último partido entre Villarreal y Real Madrid, el cuadro amarillo repletó su reducto con 20.000 personas, cifra altísima si se considera el total de la población local de 50.000 habitantes.
Tanto en el balompié como en otros deportes, la mediocridad ha quedado demostrada no sólo a nivel competitivo, sino también en los hinchas y aficionados al deporte que poco colaboran para que la actividad adquiera un matiz realmente profesional. En el fútbol, se abre una ventanita esperanzadora con la inversión estatal para remodelar los estadios del país, la mayoría deteriorados por la falta de preocupación y el paso del tiempo. El nuevo recinto de Las Higueras, en Talcahuano, o los arreglos en La Florida, son el preámbulo de un proceso que debió iniciarse antes.
En lo estrictamente deportivo, tanto a largo y corto plazo, es muy difícil que alguna selección nacional de fútbol logre obtener algún campeonato mundial, sin antes cambiar esa actitud pesimista ante la vida y no concentra sus habilidades en objetivos grandes; como dice Fito Páez: “reírse del fracaso y del oro”.