Datos personales

V y VII regiones, Chile
Auténtico, creativo, directo y loco por el deporte, hacen de su pasión una manera de comunicarse con los miles de fanáticos que visitan blogs o diversos sitios deportivos en la web. Ojalá les guste el blog y le puedan dar un buen uso.

viernes, 23 de noviembre de 2007

Regreso a casa


A kilómetros de distancia, la sensación que se produce al recordar aquellos pasajes de mi infancia y adolescencia en aquel barrio que me vio crecer, se vuelve sencillamente, sobrecogedor.

Y es que cada uno de los rincones de esa Faustino González esconde un cúmulo de anécdotas que dificilmente podrán olvidarse. La sensación que me produce el correr de los años es que aunque las cosas cambien de su sitio, los recuerdos permanecen imborrables en mi retina, así como las personas que me han visto crecer y con las cuales comparto parte importante de mi vida.

Cada viaje de regreso, es ahora como un viaje en el tiempo, a esa infancia un tanto solitaria en la compañía de mis nanas (cada cual más distinta de la otra), pero sin duda, feliz. Me da gusto ver de nuevo a mis amigos y ver que cada uno ha marcado su propio camino; algunos lejos de esa tierra maulina, otros todavía en la misma, pero indudablemente, conservando ese pasado en común que mantiene nuestra identidad.

Con el paso de los años nuevas caras se han sumado, nuevos amigos de distintos rincones con quienes he pasado momentos inolvidables: Licantén, Santiago, Corral, Viña, Antofagasta, La Serena; en cada uno de esos rincones hay un pedacito de mi que, seguramente, aún vive en la retina de los otros.

La vida me ha dado mucho, más de lo que he pedido, es como si hubiera escrito una lista con mis deseos y se hubieran cumplido. No niego que todo tiene su costo y en mi caso no ha sido la excepción. He sacrificado mucho: familia, amigos, polola... todo por un bienestar personal y la necesidad imperiosa de ir trazando rumbos propios que me hagan sentir pleno. Soy un trotamundos, me encanta viajar y moverme de un lado para otro, conocer distintos lugares, ya que cada uno tiene un significado especial, pero no tan especial como la tierra donde nací, donde di mis primeros pasos que me enseñaron a caminar con seguridad por la vida, a punta de tropiezos, pero cada marca significa que estoy vivo, que he superado vallas y me he vuelto a levantar... una y otra vez... no me importa cuantas veces sean, lo que realmente me importa es llegar con éxito hacia el final de mis días, que todo lo conseguido valga la pena y brinde muchas satisfacciones, tanto a mí como a los míos.

Amigos: no dejen nunca de soñar y no permitan que nada ni nadie les impida cumplir sus sueños, porque el alma humana se alimenta de sueños, pero de sueños realizables y cada paso que se da va alimentando esta larga carrera llamada vida.

Ahora, un video que me trae recuerdos... que lo disfruten!



"Pagano": la Blondie del Puerto


Entre las luces, el pop de los ochenta y el frenesí de sus fiestas se esconde una realidad por pocos conocida. La movida gay se concentra en este lugar, donde todo está permitido y la diversidad abunda.



Mi cara frente al espejo reflejaba la incertidumbre de aquella situación. Los nervios se hacían latentes a medida que corrían los minutos y todavía no me convencía de la difícil misión que debería cumplir esa misma noche. Mi apariencia distorsionada por una chaqueta larga y negra, y la polera color beige con broches metálicos que dejaban al descubierto gran parte de mi pecho, eran el fiel reflejo de lo, hasta ahora, más osado que he hecho en mi vida.

Y es que para una persona un tanto tradicional como yo, la sola idea de entrar como bisexual a un pub alternativo me producía escozor. Es cierto que tal vez intuía lo que me esperaba, pero en ningún caso sabía con certeza lo que me esperaría en aquel lugar.

Eran alrededor de las diez y media de la noche, la puerta de la micro se abre y yo subo con decisión. La 611 me dejaba justo afuera de mi lugar de destino que, incluso, ignoraba su ubicación exacta. Llevaba conmigo unos cigarros importados que compré en la calle, previendo que me podían ser útiles, pese a que no fumo.

El gay encubierto

Me bajé unas cuadras más allá de la Plaza Sotomayor, que a esa hora estaba atestada de miembros de diversas tribus urbanas. Me devolví dos cuadras hasta encontrar el conocido Pagano, lugar de encuentro para la diversidad sexual y donde la década de los ’80 parece no haber acabado. Eran las once y media, y había poca gente afuera; unas ocho personas esperando que abran el local.

El Pagano es por hoy uno de los íconos de la movida alternativa en Valparaíso, al igual que otros locales vecinos como Cherry, One Way y La Secta. En Chile, los pioneros en implementar esta nueva alternativa bohemia fueron los empresarios de la discoteque santiaguina, Blondie, quien a comienzo de los ‘90s se hizo conocida por albergar a jóvenes de las más ambiguas tendencias sexuales, llenando sus fiestas de un, hasta entonces, inusual colorido y extravagantes bailarines que muestran su cuerpo sin tapujos.

Mientras esperaba afuera, de pronto, sale un tipo gordo y macizo, con una cola en el cabello y un look bastante metalero. Cuelga en la pared un letrero con la patente de alcoholes del local, y acto seguido, se abren las puertas para el público.

Me acerqué a la boletería y pagué mil pesos. Al entrar, las pistas de baile casi vacías y la poca gente que había a esa hora, le daban una tranquilidad poco habitual para un viernes por la noche. Al fondo del primer nivel, una barra y su respectivo barman presagiaban una noche de mucho calor, roce y liberación de emociones contenidas.

Una escalera que conducía hacia una oscuridad infinita, llamó mi atención. Mi curiosidad pudo más y decidí bajar por sus peldaños y descubrir qué se escondía tras esa capa de negrura y humo. Abajo, dos ambientes separados por una pared sencilla se asemejan mucho al primer piso, salvo en su escasa luminosidad. Todo parecía estar en orden y dispuesto para una noche que se suponía, iba a ser muy concurrida.

Sentado en la barra con mi vaso de cerveza, saqué un cigarro, me lo eché a la boca y le pedí fuego al barman. Traté de actuar con naturalidad y crucé mis piernas para darle un toque femenino a mi personaje. No habrán pasado ni cinco minutos desde que me senté, y frente a mi llega una chica delgada, de pelo crespo y ropa sencilla.

¿Tenís fuego? –me pregunta. Como no andaba con encendedor, le pasé mi cigarro. Me llamo Guissella, ¿y tú? –En ese momento empecé a inventar una historia convincente para no ser descubierto, pero tratando de no fantasear datos que después no pudiera recordar. Claudio –le dije-, soy bisexual y estudio diseño en el Duoc. Hasta el momento, todo bien; había logrado idear una historia creíble y conseguí tener mi primer contacto en el lugar. El único pero es que ella también es heterosexual, y gastar mucho tiempo en ella podría haber sido poco relevante para la historia.

Simpática, carismática y no tiene rollos con los homosexuales. Así podría definir a esta chica que, no representa para nada sus veintisiete años. Ella había egresado como secretaria, y actualmente repartía volantes, en calle Bellavista. Luego de charlar un buen rato, me confiesa que visita a menudo el local, preferentemente sola, ya que sus amigas “son de otra onda”, como dice.

“¿Y tus papás saben que eres bisexual?”, “¿cómo lo tomaron?” –preguntaba curiosa. “Al principio les costó aceptarlo, pero al final no les quedó otra” –respondí naturalmente, imaginando cuál sería la reacción de mis viejos si les contara algo así.

¡Ahora se viene lo bueno!

Ya con un par de vasos de alcohol en el cuerpo y abundante nicotina en mis pulmones, subimos a bailar al primer nivel. Me sorprendió ver la cantidad de gente que a esa hora repletaba la pista de baile. También me asombró la cantidad de varones que comenzaban a mover sus caderas sin ningún tapujo. Eran como las doce y media, y ya no cabía un alfiler. Me puse a bailar con mi nueva amiga, al ritmo de Madona y otros referentes de la movida ochentena, mientras el calor se hacía cada vez más insoportable.

En eso, veo a mi costado a dos grupos de gays bailando efusivamente. El primer grupo era más tranquilo. Cuatro tipos vestidos con poleras sin mangas y pantalones muy ajustados, que bailaban y coqueteaban felices al ritmo del grupo argentino, Miranda. En el segundo era otro cuento. Eran tres: uno flaco que estaba al medio, otro pelado detrás de éste, y uno moreno ubicado delante del delgado muchacho, que estaba más distante.

En una escena donde el erotismo brotaba con holgura, el pelado empieza a manosear al flaco, quien dando muestras de excitación extrema, cerraba los ojos y se mordía los labios. Aunque este tipo de cosas es común verlas en lugares como éste, la verdad es que nadie se preocupa de lo que haga el otro, porque quienes frecuentan el Pagano, así como otros pubs alternativos, tienen su criterio formado y mente abierta.

Minutos más tarde, Guissella decide ir al baño. Mientras la espero, sigo observando a la gente que se desplaza con dificultad; el espacio era reducido y los roces eran inevitables. Cuando regresa, noté algo extraño en ella: estaba un poco mareada, cosa bastante extraña, ya que sólo habíamos tomado un par de vasos de cerveza.

De pronto, aparece el flaco al que manosearon hace un rato. Nos ofrece unos sorbos de ron cola y, por supuesto, mi acompañante no rechazó el ofrecimiento. Con la sorpresiva intervención del muchacho, me acordé de la escena que él había protagonizado junto al pelado y al negro, recién.

Poco después, Guissella se acercó a un tipo que pasaba muy cerca nuestro y se ponen a hablar. No sé en qué momento ocurrió, pero al minuto siguiente ella estaba bailando con él, dejándome perplejo y mirando para todos lados como buscando una explicación. No la volví a ver en toda la noche.

Pero sabía que no me podía quedar de brazos cruzados; eran las dos y media, y todavía no lograba mi objetivo. Necesitaba una historia digna de contar, así es que me aventuré a buscar yo mismo a mi propia fuente.

“¿Bailemos?”

Subí por una escalera que me conducía a un balcón. En el lugar, otro ambiente ornamentado con sillones y las, hasta esa hora, decenas de parejas que se habían formado. Me fijé en una pareja de lesbianas que se besaban en un sofá junto a un muchacho de gestos amanerados. Era el momento de atacar. Saqué un cigarrillo –que sin darme cuenta era el séptimo de la noche- y le pido fuego.

Su nombre es Carlos, estudia Trabajo Social en la U. de Valpo., y es amigo de Karina y María José, pololas desde hace seis meses. Nos pusimos a tirar la talla un rato, hasta que las dos chicas se pararon y, entre bromas, nos dejan solos. Le pregunto si es gay y me dice que sí. Yo mantuve mi historia anterior, declarándome seguidor de ambos bandos. Me cuenta que su familia no sabe de su condición sexual, porque según dice: “Es mi rollo”.

Luego de un par de miraditas y sonrisas mal disimuladas del joven, éste se levanta y va al baño. La situación comenzaba a ponerme un poco nervioso, pero en ningún caso se había salido de control. Sabía que si no manejaba el momento, podría verme inducido a hacer cosas que no quería. Cuando vuelve, se me acerca con cuidado, me toca el brazo y me dice: “¿bailemos?”. Yo, haciéndome el huevón le di una respuesta políticamente correcta: “No, gracias, no quiero bailar… después”.

Luego del impass, y mientras Carlos se iba donde sus amigas, yo aproveché el momento y me hice humo, acordándome de ese refrán que dice: “soldado que arranca sirve para otra batalla”. Creyendo haber llegado al límite de mi osadía y con la sensación del deber cumplido, me fui al baño para aprontarme a regresar a casa.

El calor seguía insoportable adentro y el avanzar se hacía casi imposible. Mi reloj marca las 4:00 AM, hora más que prudente para enfilar camino a casa y dejar atrás lo que, definitivamente, no era mi ambiente. No sé si vuelva a entrar al Pagano. Tampoco, si voy a tener la oportunidad de vivir, otra vez, algo así. Pero de lo que estoy seguro es que cuando vea a algún gay o bisexual por la calle, podré decir sin problemas: “yo fui uno de ellos, al menos por una noche”.

lunes, 12 de noviembre de 2007

El eterno karma del fútbol chileno


Miles de hinchas en silencio. Millones de gargantas atascadas por un grito que no tarda en convertirse en llanto. La penosa realidad que persigue al balompié nacional, deja expuesto el problema de idiosincrasia que provoca la escasez de triunfos a nivel competitivo y el contraste con deportes más exitosos como el tenis.

Como pocas veces, esa tarde del jueves 19 de julio pasado, la esperanza de todo un pueblo que soñaba con alzar la copa se hacía latente frente al televisor. Era la ocasión perfecta para dejar ese estigma de terceros lugares que inunda a nuestro fútbol y gritar de una vez por todas, ¡campeón! Pero todo empezó a desteñirse al minuto ’11, cuando Di María logra embocarla en el arco de Toselli, y acto seguido, Chile se queda con diez, debido a la expulsión de Medel.

Una vez más el destino nos cerraba la puerta en la cara e impedía que el fútbol chileno se encumbrara en lo más alto. Cabe entonces preguntarse si el motivo de la derrota fue la presión por pasar a la final o si algo en la cabeza de los jugadores gatilló una cierta sobrestimación hacia el rival, que terminó escribiendo una más de las amargas derrotas del fútbol chileno. Lo cierto es que si se piensa en una deficiencia técnica de los futbolistas, ¿por qué esta misma carencia no se presenta en el tenis o en el jockey, deportes en donde Chile ha sacado resultados destacados?


Es sólo una cuestión de actitud


“Es sólo una cuestión de actitud…y reírse del fracaso y del oro…”. Como lo reitera en su canción el músico argentino, Fito Páez, en gran medida la carencia de resultados positivos de los futbolistas profesionales, en Chile, no se debe tanto a factores técnicos, sino que obedece a un problema cultural de la idiosincrasia chilena. Esta actitud se hace presente cuando la selección nacional enfrenta a Brasil o a Argentina, ya que se sobrestima con mucha facilidad al rival.

"El tema pasa netamente por una cuestión de mentalidad. Técnicamente no tenemos nada que envidiarle a Argentina, o a otras potencias futbolísticas, sino que el asunto pasa por una cuestión de personalidad, cosa que yo viví en los dos procesos que me tocó participar en la Selección (Corea-Japón 2002 y Alemania 2006), donde no había un líder de grupo que reforzara esa parte”.

Las palabras del arquero de Éverton y ex seleccionado nacional, Johnny “Superboy” Herrera, son elocuentes. El ex portero azul y sucesor natural del “Superman” Vargas, luego de convertirse en el artillero del penal que le dio a la “U” el último título en 2004, y tras haber vivido dos procesos con “La Roja” en la era Acosta (2005-2007) y Olmos (2003-2005), hace referencia a los meses que estuvo en el plantel del Corinthians brasileño, y afirma las diferencias que existen entre el fútbol carioca y el nacional.

“Allá (Brasil) el fútbol se juega con alegría. Tú ves a la gente, a los niños jugando en la playa, sin zapatos, todos corriendo felices, pero acá no pasa eso. En Chile la gente no tiene esa alegría, y si tú ves alguna pichanga de barrio más de alguna termina en peleas o rencillas. Eso no quiere decir que en Brasil no ocurra, pero allá se siente de otra forma…hay más pasión”.


“Bielsa va a fracasar”


Es evidente que la llegada del DT trasandino a la Selección chilena de fútbol, le dio el cambio de aire necesario para comenzar con ideas renovadas un nuevo proceso. La prensa del deporte catalogó al “Loco” como el arquitecto del nuevo esquema ofensivo que caracterizará a una Roja más disciplinada y con personalidad en la cancha, lo que motivó a los hinchas a darle el nuevo apodo de “Cerebro”. Pero tal como hay adeptos que lo respaldan, también hay otros más suspicaces que dudan de que esas ideas técnicas logren saldos positivos en un país que le teme a los cambios y a mirar hacia adelante.

Uno de ellos es el psicólogo y profesor de la PUCV, Andrés Moltedo, quien asegura que el problema que aqueja al deporte chileno se explica por la mediocridad del deportista nacional, sobretodo en disciplinas grupales. “Existe una diferencia entre el deportista individual y el de selección. El primero se debe a las características técnicas y capacidades que posee, y es lo que nos ha llevado a tener un número uno en tenis o a un jinete que triunfa en Estados Unidos. El segundo, pasa porque el chileno no está preparado para el éxito, y esto lo hace fracasar una vez que alcanza la fama”.

Recordadas son las finales de Copa Libertadores de Cobreloa, U. Católica y Colo-Colo (1973), la final de la Copa Sudamericana obtenida por los “albos” en 2006, o el reciente tercer lugar de la “Rojita” Sub 20, en Canadá; todos estos datos tienen un factor común: el fracaso en instancias finales. En estos casos, el gran enemigo del hombre es el manejo de la ansiedad, más aún si se vincula al ambiente de la farándula.

“El gran problema que afecta a los chilenos es el manejo de la ansiedad. Las personas viven constantemente preocupadas del qué dirán, y siempre se anticipan al fracaso. Por ejemplo, es muy probable de que si tú le dices a una persona que se va a caer, ésta se caiga porque inconcientemente tuvo miedo de fracasar, o sea, de caerse. Ahora, como la mayoría de los futbolistas en Chile son de estrato social bajo, no saben asimilar el éxito, y luego vuelven derrotados, como es el caso de Pinilla, que pasó sin pena ni gloria por Europa”.

Otro caso en que la fama ha llevado por mal camino a los futbolistas, es el de la “patrulla juvenil” del Mundial Sub 17 de Japón, en 1993, donde los entonces adolescentes Manuel Neira, Héctor Tapia, y Sebastián Rozental, entre otros, se paseaban por los estelares de TV haciendo alarde de un talento que, finalmente, se quedó en promesa.

Sin duda que la irrupción de la farándula en el fútbol, ha generado un impacto mediático difícil de frenar. Antiguamente era difícil creer que Carlos Cazsely o Patricio Yánez pudieran ser acosados a diario por los medios de comunicación, restándole crédito a la actividad que realizan. “El futbolista chileno se cree divo y por eso Bielsa va a fracasar en la Selección, porque tanto la capacidad intelectual como la mediocridad de los jugadores lo van a llevar al fracaso”, aseguró el profesor Moltedo.


Una realidad diferente


Lleva tres años en Chile. Hijo de padres chilenos, divide su tiempo entre San Antonio, ciudad donde vive su familia, y Viña del Mar, donde actualmente estudia Periodismo en la PUCV. Daniel Andrade González, más conocido por sus amigos como “Pibe”, recuerda su niñez en su natal Buenos Aires y relata las inolvidables tardes de entretención que pasaba jugando al balón con sus amigos.

“Cuando era chico me la pasaba jugando todo el día en las canchas y parques. Allá nadie te dice nada si jugás en las plazas; podés jugar donde querás y nadie te dice nada”. El futuro periodista, reconoce que es fanático del fútbol y le atribuye gran mérito de lo que es Argentina deportivamente a las políticas de recreación pública que existen en el vecino país.

En Chile, los espacios libres para realizar deporte se van reduciendo cada vez más. Acá, como en pocos países de Latinoamérica, no es común ver familias jugando tardes enteras en parques y plazas como lo era antes. La irrupción de los enormes centros comerciales, la vida sedentaria y el exceso de horas de trabajo, hacen que el poco tiempo libre que les queda a los padres lo dediquen a quedarse en sus casas y no se preocupen de pasear con sus hijos un domingo por la tarde.


¿Qué tanto invierte el Estado en deporte?


No sólo los rasgos culturales inciden en la baja calidad del deporte nacional. Para efectos de promover y determinar las actividades deportivas que se realizan en el país, la Ley del Deporte de 2001 fija parámetros legales que incentivan la creación de clubes y programas deportivos y su forma de financiamiento.

“Esta ley lo que hace es otorgar facilidades, brindar apoyo y financiar iniciativas deportivas, principalmente, a través del aporte privado”, asegura el Director Regional de Chiledeportes, Hugo Rodo. Los recursos que destina el Estado chileno a la actividad, son muy inferiores a los que brindan las empresas. La explicación proviene del propio Rodo: “Somos un país carente de cultura deportiva; al gobierno le interesan más otros temas como la educación o la salud, quizás porque todavía se considera a la actividad física como un medio de relajo”.

Esta situación se contrasta con la realidad de otros países latinoamericanos más desarrollados deportivamente, lo que se debe, en parte, a la manera como está formado el Estado. Argentina, como estado federado, concentra sus recursos dentro de la propia provincia, lo que permite que la inversión se conserve en ella y no se escurra hacia otras regiones como ocurre en Chile.

“El mayor problema es que como departamento regional dependemos de Santiago, y obviamente, la mayoría de los recursos de la región se van para allá. Ahora, lo bueno es que como estamos cerca de la capital y somos una región que también produce mucho, nos podemos, de cierta manera, autofinanciar”.

Pero a pesar de la legislación que promueve el deporte y de los cientos de programas que se imparten a lo largo del país, todavía no se encuentra solución al sedentarismo de la población chilena. Aquí es donde se genera la disyuntiva entre la creación de nuevos espacios, versus el poco interés de la gente por ocupar los recintos y llevar una vida activa.

Si se piensa en el real interés que se tiene en Chile por el fútbol y se observan las cifras de asistentes a los estadios, la situación es particular. Considerando que el balompié es el deporte rey a nivel nacional, cómo se explica entonces que la cifra promedio de público que asistió durante 2006, es de 61.632 espectadores, cantidad con la que ni siquiera se alcanza a llenar el Estadio Nacional. En Europa el panorama es distinto, tanto así que en el último partido entre Villarreal y Real Madrid, el cuadro amarillo repletó su reducto con 20.000 personas, cifra altísima si se considera el total de la población local de 50.000 habitantes.

Tanto en el balompié como en otros deportes, la mediocridad ha quedado demostrada no sólo a nivel competitivo, sino también en los hinchas y aficionados al deporte que poco colaboran para que la actividad adquiera un matiz realmente profesional. En el fútbol, se abre una ventanita esperanzadora con la inversión estatal para remodelar los estadios del país, la mayoría deteriorados por la falta de preocupación y el paso del tiempo. El nuevo recinto de Las Higueras, en Talcahuano, o los arreglos en La Florida, son el preámbulo de un proceso que debió iniciarse antes.

En lo estrictamente deportivo, tanto a largo y corto plazo, es muy difícil que alguna selección nacional de fútbol logre obtener algún campeonato mundial, sin antes cambiar esa actitud pesimista ante la vida y no concentra sus habilidades en objetivos grandes; como dice Fito Páez: “reírse del fracaso y del oro”.